¿Es la espasticidad una ventaja o una desventaja para el paciente que ha sufrido un ICTUS?

¿Es la espasticidad una ventaja o una desventaja para el paciente que ha sufrido un ICTUS?

¿Es la espasticidad una ventaja o una desventaja para el paciente que ha sufrido un ICTUS? 885 570 Stroke Therapy Revolution
Un ictus afecta al cerebro y no a los músculos y hasta aquí estamos todos de acuerdo, y digo todos porque ni el fisioterapeuta más “muscular” se atrevería a refutar esta clara suposición, pero de entender que el ictus afecta al cerebro a dirigir la fisioterapia hacia las funciones de este cerebro hay una gran diferencia.

He dedicado cada momento de mi carrera a ayudar a mis pacientes y, al mismo tiempo, a difundir el mensaje con la esperanza de que el contenido que comparto con la gente les ayude a tomar las mejores decisiones de tratamiento o, al menos, a no cometer errores graves. Una de ellas se esconde en estas mismas preguntas:

– ¿Es la espasticidad una ventaja o una desventaja para el paciente?
– ¿Es un enemigo o un aliado?
– ¿Es correcto hacerla aparecer lo antes posible para liberar al paciente de la flacidez, o debemos evitar que aparezca?
Si no podemos responder a estas preguntas con claridad, creo que hablar de procesos cognitivos, de rehabilitación neurocognitiva según Perfetti y de funciones cerebrales es prematuro, porque el paciente sólo percibe que lucha con la parálisis y la rigidez cada día.

En mi perfil de Facebook y en el Grupo de ACV y Hemiplejia planteé esta misma pregunta, y las respuestas que recibí fueron muy importantes y me impulsaron a profundizar en el tema, porque si no somos capaces de responder a esta pregunta con decisión, todos los resultados de nuestra fisioterapia y todos nuestros esfuerzos podrían ser en vano.

Un punto importante a destacar es que los fisioterapeutas y los pacientes tienen dos concepciones diferentes de la espasticidad, ya que los fisioterapeutas suelen dar la bienvenida a su aparición y los pacientes son más propensos a verla como un problema que hay que tratar. No me sorprende que los pacientes respondan que la espasticidad es una desventaja porque son ellos los que la sufren todo el día, mientras que los fisioterapeutas tienen como objetivo la autonomía del paciente a toda costa, por lo que aceptan la aparición de la espasticidad.

He observado que los pacientes y los terapeutas tienen un punto en el que están completamente de acuerdo, y es que la espasticidad es mejor que la flacidez. El paciente que después de un ictus se encuentra con la mitad de su cuerpo literalmente muerta, en cuanto ve aparecer los primeros movimientos, no importa si son reflejos y no intencionados, son al final una señal de que la mano o la pierna no están muertas, y entonces aceptan que se desarrollen estos movimientos o grupos de movimientos, que por un lado le dan más autonomía, pero por otro lado representarán el verdadero problema a tratar en los meses y años venideros.
¿Cómo es posible que exista esta diferencia entre los propios terapeutas, en su interpretación de la espasticidad? Algunos lo ven como una desventaja y otros lo ven como un signo de la enfermedad, ¿Cómo puede ser esto, dado que todos hacen el mismo trabajo?

Sin pelos en la lengua, creo que la diferencia radica únicamente en la profundidad del conocimiento de la neurofisiología. Por desgracia, se trata de un tema extremadamente complejo y el estudio debe extenderse a los mecanismos que utiliza el sistema nervioso central para defenderse de una lesión dramática como la que se produce en el cerebro. Sólo este estudio en profundidad puede permitir al rehabilitador comprender que la flacidez (como ven, el término ya es engañoso porque lleva a identificar algo negativo) no es más que el resultado de la inhibición puesta en marcha por el organismo para proteger la red nerviosa de la estimulación excesiva provocada por la isquemia o la hemorragia.

Para simplificar el asunto, permítanme utilizar una imagen doméstica: si se nos rompe una tubería en casa, lo primero que hacemos es cerrar la llave central del agua, precisamente para evitar que el daño se extienda. El mismo mecanismo de defensa opera en nuestro organismo, que “desconecta” todas las sinapsis de un lado de nuestro cuerpo (incluidas las de los reflejos, por lo que el neurólogo golpea la rodilla con un martillo en los primeros días para comprobar el estado de los reflejos). La flacidez no es más que el signo de la inhibición masiva operada por nuestro propio organismo con fines protectores y restauradores; no es la patología de la que debemos salvarnos a toda costa y en poco tiempo. Tras esta fase de protección, el organismo comienza a “reactivar” las primeras sinapsis, pero las primeras que dispara son las que regulan los movimientos más simples, es decir, los reflejos. Es precisamente en este momento cuando tiene lugar lo que yo llamo el verdadero drama de la rehabilitación, un drama porque todos actúan de buena fe, los fisioterapeutas y los pacientes ven aparecer los primeros movimientos y se esfuerzan por explotarlos y potenciarlos, aunque no sean movimientos limpios o funcionales, los exasperan con la esperanza de que poco a poco vuelvan a ser más refinados e intencionados.

Desgraciadamente, en esta fase el sistema nervioso central es muy susceptible y está dispuesto a crear nuevas conexiones, si los ejercicios requieren un movimiento grueso por parte del paciente, estos patrones de movimiento se estructuran por la sencilla razón de que la red nerviosa se cablea en función de las experiencias motrices que el sujeto está viviendo, se crean fuertes conexiones, que en el futuro serán muy difíciles de corregir.

Está claro que no podemos tratar todo el tema de la espasticidad en un solo post. Si quieres saber más, aquí puedes encontrar un extracto de una ponencia que realicé en un simposio online sobre espasticidad, donde me encontré defendiendo esta postura con otros compañeros que pensaban de forma diferente, de hecho todo lo contrario.