¿DESPUÉS DE UN ACV EL PACIENTE TODAVÍA NO SE AFEITA ?

¿DESPUÉS DE UN ACV EL PACIENTE TODAVÍA NO SE AFEITA ?

¿DESPUÉS DE UN ACV EL PACIENTE TODAVÍA NO SE AFEITA ? 885 570 Stroke Therapy Revolution

Una de las ventajas de involucrar al familiar en la rehabilitación de un ser querido que ha sufrido un ACV es, sin duda, la de permitir al terapeuta conocer de forma más profunda cómo se comporta el paciente cuando hace su vida cotidiana.

Una rehabilitación en la que se deja entrar al paciente en el gimnasio y se coloca al familiar en la puerta, sin un contacto directo con el rehabilitador, no sólo es inhumana, sino también poco productiva desde el punto de vista técnico; porque el familiar es una fuente de información precisa sobre el comportamiento del paciente fuera del gimnasio.

El mandato del fisioterapeuta no es sólo producir cambios en los pacientes mientras está con ellos, sino asegurarse de que lo que enseña a los pacientes, luego son capaces de trasladarlo a su vida diaria, por lo que el familiar es un aliado indispensable al que no hay que dar la espalda.

Ayer mismo, mientras trabajaba junto a un paciente y su esposa, mi mirada se posó sorprendida en la piel de la cara de mi paciente, que aparecía perfectamente afeitada, así que con una palmada en la pierna le felicité, porque con una parálisis del lado derecho, algunos signos de apraxia y dificultad para prestar atención al cuerpo, habría esperado al menos algunas zonas de la cara no afeitadas correctamente y algunos rasguños.

“No doctor, se lo hago yo el afeitado”, dijo la esposa.

Me sentí decepcionado conmigo mismo porque en los ocho meses transcurridos desde el ACV no había abordado el tema antes, y una pizca de decepción se dirigió también hacia mi paciente porque, si por su cuenta y sin la intervención de nadie hubiera decidido que quería probar a afeitarse, habría demostrado una característica importante para poder afrontar su tratamiento; la curiosidad y el valor de ponerse a prueba.

Por ejemplo, estoy bastante seguro de que este artículo lo lee sobre todo el familiar y no el paciente, porque es fácil suponer que el paciente que no toma la iniciativa de afeitarse quizás no tiene intención, capacidad o ganas de leer un artículo así. Como a veces es bueno equivocarse, si eres un paciente que no quiere afeitarse, pero aun así has leído el artículo, por favor, escribe sobre ello en los comentarios.

A estas alturas, sin embargo, puedo imaginar el estado de ánimo del familiar que, al leer estas líneas, se sentirá apoyado por mí en sus luchas diarias con su ser querido, cuyo objeto de discusión es precisamente su falta de determinación, y querrá que lea este articulo para animarle a hacer más cosas por su cuenta.

No es mi intención alimentar estas discusiones diarias, que son una fuente de gran frustración en el hogar, ya que el paciente no sólo se siente víctima de su accidente cerebrovascular, sino que corre el riesgo de sentirse culpable por su lenta y mala recuperación, dejando así espacio a una depresión latente siempre al acecho.

En su lugar, me gustaría abordar la cuestión desde un punto de vista técnico, para que tanto el paciente como los familiares puedan saber cómo abordar la cuestión de la “dosificación” de la ayuda.

Muchas veces me doy cuenta de que la excesiva asistencia que el paciente recibe de su familia es también el resultado de un hábito arraigado en los primeros periodos de hospitalización tras el ictus, en los que el paciente era realmente incapaz de realizar la más mínima actividad.

En esos primeros días se le daba de comer, hacía sus necesidades con pañales, había que ayudarle a salir de la cama, había que vestirle y lavarle. Mientras tanto, los pacientes han mejorado, la mayoría de ellos han podido caminar, y los “afortunados” tener algunos movimientos de brazos, pero los cuidados y la asistencia de la familia no se han adaptado al cambio. Por eso sigue ocurriendo que pacientes potencialmente capaces de bajar a la cafetería y tomarse un café por su cuenta, luego en casa se hacen afeitar por su pareja, o una vez sentados en la silla de la ducha se hacen enjabonar y enjuagar sin la menor participación.

No olvidaré fácilmente cuando, en una situación similar a la que acabamos de describir, me enteré de que la esposa de un paciente que ya estaba en una fase bastante avanzada de recuperación, con una marcha autónoma y pequeños pero interesantes movimientos de la mano plegada, era ella quien lavaba en el bidé a su marido tras la evacuación: una asimetría exagerada entre la capacidad del paciente y la asistencia ofrecida por el cuidador.

Como ya se ha dicho, lo ideal es que el propio paciente sienta la necesidad de emanciparse y quiera afeitarse de forma autónoma, pero en ausencia de este impulso personal, el cuidador puede encontrar con cariño la forma de incitar al paciente a que pruebe a afeitarse o incluso dejarle libertad para que decida si hacerlo o  si todavía no tiene el deseo de afeitarse (la emancipación también implica libertad).

Hablemos de los riesgos de afeitarse

A no ser que el paciente utilice la maquinilla de afeitar que usa el barbero, las maquinillas comerciales normales son bastante seguras, aunque siempre es posible que se produzcan pequeños cortes, pero no hace falta un golpe para hacerse pequeños cortes al afeitarse.

Cuando felicité a mi paciente por un afeitado perfecto, lo hice ante el hecho de que es un hemipléjico derecho y, como sabemos, las lesiones del hemisferio izquierdo del cerebro suelen dar lugar a la presencia de notas apráxicas, que se manifiestan clínicamente en la dificultad para orientar los objetos en el espacio durante su uso, especialmente cuando estos objetos deben relacionarse con el propio cuerpo.

En otras palabras, el paciente puede tener dificultades para tomar la sopa porque no es capaz de orientar correctamente la cuchara con respecto a la boca o, en los casos más graves, no puede comprender el tipo de acción que debe realizar con un objeto determinado. En estos casos de apraxia, se puede ofrecer al paciente una maquinilla eléctrica en lugar de una de cuchillas.

¿Y la ducha?

En cuanto a la ducha, me doy cuenta de que es aún más difícil que el paciente lo haga por sí mismo, y hay buenas razones para ello:

El baño es el lugar más peligroso de la casa, porque es resbaladizo y está lleno de esquinas (bordes), pero incluso en este caso, con algunas precauciones de sentido común, podemos ayudar a nuestro paciente a recuperar algunos aspectos de su existencia.

Es correcto que el paciente se siente durante la ducha, tanto si tiene una cabina de ducha en su casa o una bañera.

Es correcto que, en ausencia de una autonomía suficiente para caminar, el cuidador ayude al paciente a entrar y salir de la ducha.
Es correcto que en los primeros días cuando el cuidador deja al paciente autónomo en la gestión de su higiene, permanezca en vigilancia aunque desde un punto de vista operativo sea el paciente quien se enjabone y enjuague, especialmente cuando el paciente tiene que enfrentarse al lavado de los pies donde potencialmente el riesgo es caerse de la silla.

Una vez aclarado esto, el paciente necesitará un tiempo las primeras veces, si se enfrenta a la actividad con una sola mano de trabajo, para tomar las medidas y aprender su espacio. Las primeras serán duchas un poco más largas, a veces el paciente creerá que ha terminado, pero un poco de champú sigue en su pelo. Otras veces el paciente experimentará la desagradable sensación de que el jabón le quema los ojos o beberá un poco de agua mientras se enjuaga, pero, por otro lado, además de recuperar un poco su intimidad, también se enfrenta a problemas motrices dentro de los cuales tendrá la oportunidad de transferir lo bueno aprendido durante la terapia con el profesional.

Por desgracia, la recuperación no se produce en el gimnasio del fisioterapeuta, sino donde el paciente aprende cosas que, para que tengan valor, debe realizar en su vida cotidiana.

Otro aspecto a evidenciar es que tampoco es correcto dejar que el paciente lo haga todo a la fuerza, porque en varias ocasiones hemos hablado del problema de la espasticidad, que aparece precisamente cuando el paciente tiene que enfrentarse a actividades más difíciles desde el punto de vista motor y cognitivo de lo que es capaz de manejar, y una vez más, es el sentido común el que nos guía en el nivel de cuidados que debemos ofrecer a nuestro paciente.

El problema de la espasticidad es bastante complejo, he intentado explicarlo de forma sencilla en este e-book donde he resumido algunos consejos importantes y cuatro ejemplos de ejercicios  Neurocognitivos de Perfetti que puedes probar en casa. 

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