DEPRESIÓN POST ICTUS

DEPRESIÓN POST ICTUS

DEPRESIÓN POST ICTUS 768 644 Stroke Therapy Revolution

Estoy seguro que el paciente que sufre un ictus en cierto punto de su viaje tiene que lidiar con un estado depresivo, en algunos casos se prescriben antidepresivos de manera preventiva porque las estadísticas hablan por sí solas, tarde o temprano el paciente podría desarrollar un cuadro de depresión. Parecería que no puedo hablar de este tema, porque al fisioterapeuta se le da permiso solo para hablar del cuerpo, mientras que la mente y sus problemas son de otros profesionales, pero de todos modos hablaré porque trato la rehabilitación de la persona, no solo la destreza física de su cuerpo y este tema de la depresión corre el riesgo de ser un eslabón más que se agrega a la cadena apremiante que obliga al paciente después de un accidente cerebrovascular a un camino de tratamiento potencialmente ineficiente en términos de recuperación.

Partamos de la premisa de que estadísticamente el paciente podría presentar signos de un cuadro depresivo…

Es comprensible incluso para los no profesionales que el ictus es un evento dramático que provoca daños en el órgano más complejo e importante de nuestro cuerpo; un ictus de unos segundos puede catapultarte a una vida de compromisos, satisfacciones, decepciones, sueños y relaciones afectadas, a una vida completamente diferente en un cuerpo irreconocible que no quiere responder a las órdenes del cerebro. A partir de ese día, la persona ya no es el señor Ramírez ni el profesor Baltazar, será el paciente o la paciente. Ni siquiera el más hábil de los escritores de historias de terror habría sido capaz de materializar la peor de las pesadillas tan vívidamente.

Estadísticamente el paciente podría presentar signos de un cuadro depresivo…

En algunos casos donde la lesión cerebral involucra el hemisferio cerebral derecho, el paciente puede sufrir de un síndrome bastante bizarro que toma el nombre de anosognosia, o desconocimiento del propio estado patológico, pues estas personas que a pesar de tener una hemiplejía izquierda (parálisis del lado izquierdo del cuerpo) y como todos al principio no pueden caminar ni mover un brazo, mantienen un cierto nivel de ánimo, parecen no estar molestos por el evento, a veces incluso se muestran joviales. Son pacientes que, al no tener plena conciencia de su enfermedad, seguro que en unos días se reincorporan al trabajo y reanudarán su vida donde la dejaron. No parecen especialmente afectados por el evento, no están tristes, no hay signos de depresión, pero son pacientes con los que es muy complejo establecer un plan de rehabilitación, precisamente porque, al no reconocer la patología. Es difícil que reconozcan la necesidad de participar en la rehabilitación. En estos casos los pacientes, precisamente por su lesión, no son capaces de vivir plenamente las emociones como la tristeza, el miedo y la ansiedad que cada individuo sentiría tras un acontecimiento angustioso como este.

Estadísticamente el paciente podría presentar signos de un cuadro depresivo…

Los pacientes que, por el contrario, no se ven afectados por este bizarro síndrome como es la anosognosia, son capaces de vivir plenamente todas las emociones que normalmente puede generar un acontecimiento dramático e inesperado como el ictus, para el que nadie está preparado, y sobre la que nadie es capaz de hacer una hipótesis y predicciones sobre cuál será el futuro, sin embargo, en las primeras etapas posteriores al accidente, el personal de salud prepara a la familia para la gravedad de lo sucedido, señalando que las posibilidades de la recuperación son mínimas y si las hay, se manifestarán en los primeros seis meses como máximo un año: “el paciente post ictus se puede recuperar en un año”, esta es la frase más frecuente que escuchan pacientes y familiares desde los primeros días en el hospital. Estadísticamente el paciente podría presentar signos de un cuadro depresivo...

En las primeras semanas y meses, el paciente suele mostrar los primeros signos de recuperación, logra ponerse de pie, da los primeros pasos y esto también va acompañado de cierta reacción emocional del paciente, que se identifica como un guerrero que lucha contra un monstruo, poniendo toda su determinación en juego. El tiempo pasa, la autonomía del paciente mejora, generalmente en lo que se refiere a caminar quedando atrás el brazo y el agarre, pero la fecha de vencimiento de la recuperación identificada en el duodécimo mes se acerca inexorablemente, día a día y la sensación de haber perdido la batalla contra el monstruo comienza a hacerse espacio. Para los pacientes, derrotar al monstruo significa curarse y aunque ha habido muchos avances, la sensación de derrota y vergüenza por no haber tenido éxito en la empresa toma el control. El proceso de rehabilitación estuvo enfocado a la recuperación de la autonomía, por lo tanto dirigido especialmente a la marcha, con actividades dirigidas a la parte física y muscular y esta tiende a aumentar la rigidez característica de la espasticidad que a su vez dificultará la capacidad del paciente para acceder a una recuperación de calidad. Estadísticamente el paciente podría presentar signos de un cuadro depresivo…

Mi reflexión personal se dirige a nuestra forma de interpretar las emociones como la tristeza, el miedo e incertidumbre, entendidas como patologías a tratar, a pesar de que surgen de un hecho verdaderamente dramático como el de un ictus que trastornan la vida de cualquiera, mientras es la patología la que produce el efecto contrario, el de no permitir que el paciente experimente estas emociones de forma consciente como en el caso de la anosognosia.

Finalmente, la reflexión también recae sobre el contexto en el que se encuentran los pacientes recibiendo su propio tratamiento, por un lado ellos mismos interpretan la recuperación como un retorno a lo que eran un momento exacto antes del ictus al hacer coincidir la idea de recuperación con el de la curación, mientras que por otro lado, esta lucha frenética contra el monstruo, según todos, debe tener lugar en una fecha exacta más allá de la cual no habrá mayores esperanzas de poder mejorar.

Estadísticamente el paciente puede presentar signos de un cuadro depresivo y los números en medicina no mienten, sin embargo me pregunto aun si la forma en que se establece la ruta de tratamiento, rehabilitación y comunicación con el paciente no interviene de alguna manera en el inicio de un estado emocional tan generalizado en los pacientes que sufren las secuelas de un ictus.

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