Sanar despuès de un Ictus – Razonemos por etapas

ictus-planUna de las preguntas más frecuentes a las cuales me encuentro obligado a responder es:

“mi familiar sufrió un accidente cerebrovascular, ¿podrá sanar? ¿y cuándo?“

“sufrí un ACV, ¿cuándo volveré a estar como antes?“

Ante una pregunta, debemos primero colocarnos en las 2 distintas perspectivas que viven el paciente y el familiar, puesto que el ACV es el drama del paciente, pero es también el drama de la familia.

El paciente: que en una fracción de segundo ve desvanecerse el mundo que conocía antes; quién haya sufrido un accidente cerebrovascular tiene una percepción muy clara del cambio; su objetivo es regresar a su verdadera vida, la que tenían antes del ACV.

El familiar: quien vive el calvario del ictus desde el exterior. El piensa en la supervivencia del ser querido y logra vivir la recuperación con una mayor propensión a la gradualidad.

A menudo el paciente permanece inconsciente por varios días, mientras que el familiar en esa contingencia tiene la necesidad de saber que su ser querido sobrevivirá y se despertará. Solo después se plantearan los primeros problemas de que lo que se ha perdido.

  • La capacidad de comunicarse
  • La posibilidad de mover la mitad del cuerpo
  • El control de la vejiga y del esfínter
  • La habilidad de poder deglutir
  • La posibilidad de manejar el torso aun estando sentado



La recuperación es el nudo central de la rehabilitación: en muchos idiomas no existe siquiera una diferencia entre la palabra “recuperación” y la palabra “rehabilitación”.
A menudo el paciente considera menos importante la recuperación lograda que sus familiares, los cuales se alegran aun ante una pequeña mejoría. Como rehabilitador apruebo el entusiasmo por los pequeños progresos logrados. Esto técnicamente corresponde a un elemento predictivo positivo, o bien, un dato que permite construir pronósticos más favorables, contrariamente al paciente, quien lo ignora y no tiene conciencia sobre sus logros.
No obstante, este análisis de los datos favorables por parte del terapeuta raramente toma en cuenta la percepción de la recuperación por parte de los familiares, algo que por el contrario es muy importante.

Hasta que el paciente no mejore y mientras que los familiares lo exhorten, se procede hacia adelante sin descanso; mientras resulta mucho más difícil cuando ocurre lo contrario: cuando el paciente trabaja en función de pequeños objetivos pero los familiares no les dan a éstos la importancia que les corresponde. Eso provoca una atmosfera pesada para el paciente, puesto que vive una doble frustración: la dificultad de la recuperación y la desilusión que percibe en sus familiares quienes desearía más y de manera más expedita.

Es en estos contextos que los parientes dicen: “mi marido no tiene ganas y no se esfuerza” o “no quiere cooperar”, frases usualmente alimentadas por los mismos terapeutas. ¡Repito con vehemencia que no existe ningún paciente que no quiera mejorar y que por lo tanto no quiera participar en su propia recuperación!
La cooperación depende de las exigencias que nosotros hagamos, adaptadas al paciente.

“Pocos días después del accidente cerebrovascular, con la dificultad para controlar el torso y percibir la mitad del cuerpo, también yo me rehusaría si me obligaran a ponerme de pie y a caminar”.

El terreno más fértil se obtiene cuando tanto el paciente como los familiares comparten una recuperación con pasos pequeños y progresivos.
El razonamiento de la recuperación por etapas es un aspecto crucial del tratamiento, el cual debe ser planificado desde los primeros días del proceso de curación; desde la más breve (de una sola semana) hasta la más prolongada (incluso de 2 años o más).

Durante las clases de programación terapéutica, a mis estudiantes universitarios les pongo un ejemplo: una metáfora aprendida de una gran maestra mía:

“si le encargan una casa a un arquitecto, querrán saber cómo será construida. El paciente post ictus les encomienda su vida misma, mucho más importante que cualquier casa, por lo tanto deberán darle un pronóstico objetivo de su recuperación”.

La predicción debe estar basada en “datos” construidos a través de la observación del paciente, de la alteración de sus funciones y de las capacidades residuales del paciente.

El pronóstico a largo plazo deberá estar subdividido en etapas intermedias a corto plazo, es decir: “si el pronóstico es que el paciente a distancia de un año caminará de una determinada manera, eso significa que dentro de dos semanas tendrá que poder sentarse de una forma precisa.”.

El razonamiento nos permite identificar los ejercicios más adecuados para alcanzar la primera etapa, a fin de readaptarlos para la siguiente. Si el terapeuta sabrá inculcar este rigor en su paciente y en sus “colegas” familiares, el equipo podrá emplear un arma adicional con la cual combatir para alcanzar la recuperación de su ser querido/paciente.

Dr. Sarmati

CREDITOS PROFESIONALES


2007-08 Docente de Metodología de la rehabilitación de la “Universidad Católica del Sagrado Corazón” ROMA .


Desde 2011 Profesor de Rehabilitación Neurotraumatológica “Universidad La Sapienza” de Roma.


2014 Presidente Grupo “Ictus Emiplegia Onlus”.