La plasticidad

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La plasticidad 700 467 Stroke Therapy Revolution

plasticidad La plasticidad del cerebro explota las propiedades de nuestro sistema nervioso central para poderse reorganizar y modelarse con base en la experiencia, y en nuestro caso, que nos ocupamos de la recuperación después del accidente cerebrovascular, la experiencia se identifica en el ejercicio.

Considero de fundamental importancia tratar el tema de la plasticidad, porque muy a menudo no se considera posible.
Estamos acostumbrados a escuchar frases como: “Las células del cerebro no renacen”, pero, afortunadamente, esta afirmación fue anulada debido a la investigación llevada a cabo en los últimos años en el campo de la neurobiología, remolcada por el fascinante desafío de la investigación sobre células madre.

Así que, cuando familiares y pacientes me reportan la frase de sus especialistas que suena más o menos así: “después de un año no me recupero más” o “esta es la situación y lo seguirá siendo”, creo que negar que el cerebro sea plástico equivalga a negar un principio cardinal de la biología, y puesto que como hemos dicho la plasticidad está determinada por los ejercicios, sería más honesto decir: “te podrías recuperar porque tu cerebro, como el de todos los seres humanos, es plástico, pero YO no conozco las experiencias terapéuticas adecuadas para lograr la recuperación”.
Creo que esto es más correcto que una sentencia arbitraria y, además, sin apelación.

LA PLASTICIDAD EXISTE

La plasticidad es un principio rector de la renovación de nuestro cuerpo y se extiende a todos los tejidos de nuestro cuerpo: el cartílago, el hueso y la piel; por ejemplo, cada 3-4 semanas renovamos la piel de nuestro cuerpo a través de la sustitución de células muertas con la nuevas.
Hasta hace unos años se pensaba que este proceso plástico no aconteciera también en el sistema nervioso central y quizá de ahí el juicio acerca de la imposibilidad de recuperación.

Sin embargo, las intuiciones sobre la neuroplasticidad se remontan a hace ya casi 3 siglos con Michele Vincenzo Malacarne, el cual, para demostrar su intuición de que la experiencia tuviera un efecto biológico en el encéfalo, realizó una serie de experimentos muy sencillos, pero con mucha visión de futuro por su tiempo.
Malacarne simplemente seleccionó 2 perros gemelos, dos loros, dos jilgueros y dos mirlos de la misma camada, aisló un sujeto por cada especie dándole sólo la opción de comer, mientras que al hermanito lo dejó con sus padres. Cuando los sujetos pasaron por el “cincel anatómico” Malacarne con su cefalómetro, que medía el tamaño y el peso del cerebro, comprobó su intuición de que la experiencia tenía efecto en la biología del cerebro y en efecto el cerebro de los que tuvieron una rica experiencia de estimulación y aprendizaje, tales como los que vivieron sus primeros meses de vida con los padres, era más desarrollado que el de los hermanos sometidos a una experiencia carente de estímulos.
Aunque el peso no nos da la certeza de lo que sucedió en el interior del cerebro, nos da la evidencia de un cambio en la estructura del mismo.

PLASTICIDAD TAMBIÉN DESPUÉS DE UNA LESIÓN

Uno de los fenómenos de la plasticidad neuronal es el que se conoce como “sprouting”, traducido como ciernes o brotación; el término da una idea de lo que le sucede a la neurona. De hecho, si la neurona se interrumpe cerca de sus conexiones con el músculo es capaz de brotar nuevas terminales en el mismo o incluso crear colaterales para conectarse a las neuronas adyacentes sometidas a la degeneración.
Parecería que la perfección de nuestro cuerpo decidió que la misma lesión o degeneración se encargue de crear el microambiente favorable a la estimulación del “sprouting”; además según estudios recientes parece que el mismo microambiente estimule la neurogénesis, o la creación de nuevas neuronas, pero de esto hablaremos en otro artículo debido a que abarca también el tema de las células madre.

PLASTICIDAD, INCLUSO DESPUÉS DE LA LESIÓN

Hemos visto que la plasticidad neuronal ocurre en proximidad de la lesión, pero en los últimos años los estudios sobre la plasticidad han sido muchos y han demostrado que la plasticidad también se produce a distancia de la lesión.
Por ejemplo, como saben, en nuestro cerebro hay una superficie en la cual está representado nuestro cuerpo; al igual que la información visual es procesada en los lóbulos occipitales, la informaciones del cuerpo se procesan en las áreas de los lóbulos parietales.
También estas áreas del cerebro son plásticas y se modifican en base a la experiencia. Un ejemplo trivial es cuando perdemos el uso de la vista, se sabe que todos los otros sentidos se amplifican, pero esto sucede en una base biológica, es decir que la estructura de nuestro cerebro se reorganiza, ofreciendo más espacio y enlaces a las capacidades y habilidades restantes necesarias para la vida, que en el caso de la ceguera son las informaciones del cuerpo (somoestésicas) y las acústicas.
Un famoso estudio realizado por Merzenich y Kaas, demostró que una lesión en uno de los nervios periféricos del miembro superior da lugar a una reorganización de las áreas del cerebro encargadas del análisis de las informaciones relativas a las zonas del cuerpo inervadas por el nervio. De hecho se encontró que, faltando estímulos en las zonas que quedaron desprovistas de conexión nerviosa, éstas respondían a los estímulos de la zona inervada por los nervios adyacentes. Este fenómeno neuroplástico es muy importante porque nos hace entender cómo nuestro cuerpo esté “unido a la vida” y defienda nuestras funciones con la neuroplasticidad, un arma entre las más sofisticadas y encantadoras.
Más recientemente un eminente neurólogo Ramachandran, se dio cuenta de que los pacientes amputados podían percibir sensaciones del tacto en la mano perdida si se le tocaba su rostro, aparentemente parece un fenómeno extraño, pero se explica debido a la proximidad de ciertas áreas del cerebro que corresponden a algunas funciones de la mano con las que responden a la cara que se extienden en los espacios circunstantes que han quedados “disponibles” por la falta de información proveniente de la mano.

PLASTICIDAD DEBIDA A LA EXPERIENCIA

Uno de los estudios con el que estoy más encariñado es el realizado por Pascual-Leone et al., que en cierto sentido hace oficiales y cuantificables las intuiciones de Malacarne. En efecto, los investigadores querían estudiar cómo se alteran las áreas corticales del cerebro en base a la experiencia y al ejercicio, y se dieron cuenta que la ejecución de un simple estribillo tocado en el piano, y recién aprendido por unos sujetos, provocó la ampliación de la zona del cerebro en la que se representan algunas de las acciones de los dedos.
Por lo tanto se demuestra que el aprendizaje modifica la biología del cerebro. Insisto mucho en este concepto que es uno de los principios cardinales de la teoría neurocognitiva del Prof. Perfetti que considera la recuperación como un proceso de aprendizaje.
El estudio de Pascual-Leone en mi opinión es extraordinario también por sus subsiguientes desarrollos. En efecto se dieron cuenta de que las mismas áreas de los dedos sufrieron una expansión de su tamaño, incluso cuando el movimiento para tocar el estribillo no se realizaba físicamente, pero sólo se imaginaba, la expansión era igual a 30% de la obtenida con la ejecución material.
Dejar afuera de la rehabilitación una herramienta poderosa como la imagen motora significa descartar una buena parte de las posibilidades de recuperación después de un accidente cerebrovascular.

¿CÓMO SE REORGANIZA EL CEREBRO DESPUÉS DE UN DERRAME CEREBRAL?

Si no leíste el artículo sobre diasquisis te sugiero que lo hagas, porque es muy importante para entender lo que acontece en el cerebro después de un ictus o accidente cerebrovascular.
Brevemente aquí adelanto que después de una lesión, nuestro organismo inhibe ciertas estructuras cerebrales, incluso sin que ellas hayan estado involucradas en la lesión y tampoco se encuentren en proximidad a ella, pero que son funcionalmente involucradas con el área de la lesión.
Principalmente las estructuras implicadas son el cerebelo y el tálamo y la elección de dicha inhibición la intuimos conociendo el papel que estas dos estructuras juegan con respecto al comportamiento. De hecho, la primera es como el “director de orquesta” del movimiento que organiza cómo el cuerpo tiene que moverse para conseguir cierta información, mientras que la segunda tiene la tarea de enviar dicha información a las distintas áreas del cerebro que se harán cargo de su procesamiento.

No es casualidad que después de un ACV nuestro cuerpo quiera poner a descansar las estructuras cruciales para la elaboración de la información que en un momento de convalecencia nuestro cerebro no es capaz de manejar.

Es por esta razón que en las fases iniciales de la lesión cerebral los efectos sobre el paciente aparecen devastadores, porque además de las áreas dañadas directamente hay muchas otras inhibidas funcionalmente.

Durante las semanas y los meses siguientes nuestro organismo desinhibe las estructuras dormidas, especialmente si el paciente es sometido a las experiencia de rehabilitación más adecuadas que son las que le permitirán al paciente reiniciar gradualmente su talento para procesar informaciones; es por esto que se aconsejan los ejercicios dirigidos a la percepción.

CONCLUSIONES

Los mecanismos por los que nuestro cuerpo nos proporciona la posibilidad de poder conseguir la mejor recuperación después del daño cerebral son muchos.

  • Sinaptogénesis (creación de nuevas sinapsis)
  • La neurogénesis (la creación de nuevas neuronas)
  • Sináptica Desinhibición (superación de la diasquisis)

Ponerle una fecha de caducidad a la recuperación de un paciente como se hace con un producto alimenticio, significa no tener en cuenta estos principios de la neurobiología y negar que el cerebro sea plástico.

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